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EL CUERPO
Con un cuerpo intangible
y nuestro
el corazón se consume
en el recuerdo
de una vieja herida
Mientras el viento ha torcido la rama
nadie ve
el lento hundimiento de la acera
en el rostro
de un niño que llora
Cierta vez, en una pieza contigua, mi padre confesó
que le temía al dolor.
Se lo llevaron en marzo.
Creo que vivió hasta Junio.
No puedo superar el infierno de pensar que sufrió
la encarnación humana, de su más temido miedo.
Bajo su copa
la mora derrama colores
en secretos racimos.
Hay moscas y abejas.
Y un pino altanero.
de corteza lacerada
que sacude su punta.
Nadie.
Solo mis recuerdos habitan a esta hora.
Una galería con arcadas
se dibuja custodiando
una casa grande
Están cerradas sus puertas
bajadas las persianas
y hay bajo los faroles negros
negras hojas e insectos muertos.
De vez en cuando el hombre
pasea su mano por la frente
organizando sus cabellos
Se lo ve cansado
sin sangre
agonizando.
Más allá de esta superficie
hay sed,
polvo
y más silencio.
Duelen los aromas viejos,
los rincones vacíos,
la fragilidad de las flores
duelen.
editorial Argos- Córdoba Argentina
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